Arquitectura Sustentable

Construir con criterio ecológico, contribuyendo a reducir los efectos nocivos sobre el medioambiente y diseñando en función del entorno en el que las construcciones son emplazadas. Elevar construcciones elaboradas con elementos propios de cada región, tomando en cuenta los factores climáticos de cada población, los materiales accesibles en cada zona, las características de la vegetación y las necesidades de sus habitantes. Esos son algunos de los principales objetivos de la llamada arquitectura sustentable o ecológica, una forma de concebir el diseño de manera sostenible y utilizando los recursos naturales como fuentes de energía y de inspiración.

Proyectar de forma sustentable también significa crear espacios saludables, viables económicamente y sensibles a las necesidades sociales de una determinada comunidad. Los beneficios son claros: no sólo se edifica minimizando los efectos medioambientales perjudiciales, sino que además se logran construcciones mejor integradas al paisaje.

La nueva conciencia ambiental es la que trae aparejados, entre las incontables transformaciones que impone a la vida humana, cambios drásticos en las formas de diseño y construcción edilicia.

En el cruce entre el medio natural y el medio urbano, son esenciales los principios de sustentabilidad y equilibrio medioambiental, que llevan a pensar en los nuevos edificios según las diversas propiedades de los lugares en que estos se construyen.

Es por eso que se considera el entorno natural, el ciclo del agua, el tratamiento de residuos sólidos, el ahorro energético, la rehabilitación o la arquitectura bioclimática y la resolución de problemas de accesibilidad, como variables a tener en cuenta en las distintas etapas de planificación y edificación. Las variables climáticas y topográficas específicas de cada lugar son parte indisociable del diseño de cada proyecto.

Se tienen en cuenta el sol y la radiación solar sobre una determinada región, la vegetación, la humedad ambiental, los controles frente al viento, el ruido, la contaminación y calidad del aire, así como la geomorfología del territorio y sus condicionantes -naturaleza de las rocas, características de los suelos, pendientes etc-.

El término “arquitectura sustentable” proviene de una derivación del término “desarrollo sostenible” (del inglés: sustainable development), aquel que satisface las necesidades de una determinada generación sin comprometer la capacidad de que las siguientes satisfagan sus propias necesidades. El concepto del desarrollo sostenible se basa en tres principios fundamentales: el análisis del ciclo de vida de los materiales; el desarrollo del uso de materias primas y energías renovables; y la reducción de las cantidades de materiales y energía utilizados en la extracción de recursos naturales, su explotación y la destrucción o el reciclaje de los residuos.

La eficiencia energética es una de las principales metas de la arquitectura sustentable, aunque no la única. Es por eso que los arquitectos utilizan diversas técnicas para reducir las necesidades energéticas de edificios mediante el ahorro de energía y para aumentar su capacidad de capturar la energía del sol o de generar su propia energía. La calefacción solar activa y pasiva, el calentamiento solar de agua activo o pasivo, la generación eléctrica solar, la acumulación freática o la calefacción geotérmica, y más recientemente la incorporación en los edificios de generadores eólicos, son algunos de los recursos de diseño más utilizados a estos fines.

Es un hecho que a medida que aumenta la prosperidad en las sociedades contemporáneas, se incrementa el consumo. Ello conlleva un mayor empleo de recursos naturales, y la consecuente generación de residuos y, finalmente, la producción de CO2 (carbono). La gran paradoja, sin embargo, es que las naciones más avanzadas del mundo son también las que más contaminan.

La industrialización siembra las semillas de su propia destrucción, ya que genera altos niveles de emisiones de carbono que conducen directamente al calentamiento global –ver recuadro aparte-. La arquitectura por sí sola no puede resolver los problemas ambientales del mundo, pero puede contribuir significativamente a la creación de un hábitat humano más sostenible y saludable.

En este marco, la arquitectura sustentable apunta a utilizar materiales que puedan ser fácilmente reciclados o reutilizados y no contengan productos peligrosos o contaminantes y fomentar el ahorro de materias primas y energía.

La posibilidad de diseñar con austeridad y simplicidad, es coherente con esta forma de edificación que hace honor al viejo lema ‘menos es más’ (less is more).

En Argentina, asociaciones como Green Building Council (AGBC) -organización no gubernamental, sin fines de lucro- realiza reuniones, conferencias y sesiones informales fomentando la participación de los profesionales para impulsar la implementación de iniciativas sustentables, tanto en el ámbito local como global. Su principal objetivo es posicionarse como la organización que lidere el diseño ecológico –ver recuadro-, implementando iniciativas sustentables y soluciones que tomen en cuenta temas ambientales urbanos y suburbanos originados por la industria de la construcción, crear un cuerpo de certificación de edificios independiente, y educar al público y sectores privados acerca de la sustentabilidad.

La opinión de un especialista
Por Jorge Luis Kohen, arquitecto (exclusivo para Cabal Digital)

Responder qué son el desarrollo y la arquitectura sustentable, y para qué sirven es preguntarse por el destino de la humanidad, y no estoy exagerando. El futuro posible para el desarrollo de la vida, pasa por estas respuestas: cómo atender las necesidades de crecimiento, con una matriz que no desequilibre las leyes de la naturaleza. Esto se vincula, ciertamente, con la educación, la inteligencia, en suma, la cultura.
La vida en este planeta es, fundamentalmente, una relación de ida y vuelta entre nuestras actividades y los sistemas bioambientales. La forma en que interactuemos con ellos provocará acciones y reacciones. Es una combinación simbiótica e inevitable de naturaleza y cultura, que hoy por hoy, está desequilibrada, lejos de ser armónica y apacible.
Las condiciones y la definición del desarrollo sustentable se resumen, básicamente en estas premisas:

* Ningún recurso deberá utilizarse a un ritmo superior al de su generación.
* Ningún contaminante deberá producirse a un ritmo superior al que pueda ser reciclado, neutralizado o absorbido por el medio ambiente.
* Ningún recurso no renovable deberá aprovecharse a mayor velocidad de la necesaria para ser sustituido por un recurso renovable utilizado de manera sostenible.

La arquitectura es pensamiento. Son conjuntos de ideas y pensamientos articulados con objetivos que se concretan en formas y funciones, es decir, se construyen. No hay arquitectura sin construcción, pero sí hay construcción sin arquitectura. La construcción, sólo en parte de los casos, expresa, transmite y materializa ciertos objetivos y principios.

Sumar ambas expresiones: Arquitectura + Sustentabilidad, es el resultado de un pensamiento construido, que incorpora esas tres premisas básicas, como fundacionales a su desarrollo de diseño y construcción. Esta sería la respuesta mínima que deberíamos reunir en nuestra actividad, como arquitectos, para empezar a administrar los problemas actuales de nuestra profesión.

La arquitectura del Siglo XX y XXI, ¿responde o está a la altura de los desafíos que plantean los problemas medioambientales? La respuesta es No. ¿Es posible una Arquitectura sustentable? Sí.

¿Cuáles serían entonces las condiciones que deberían darse, para incorporarla y responder a los desafíos medioambientales? Su análisis y tratamiento nos llevarían al estudio de la filosofía y la condición humana, temas que superan las posibilidades de esta nota. Y es así porque el cambio de lugar, de mirada, para resolver estos problemas, necesariamente culturales, tiene que ver con la educación, con las transformaciones profundas de hábitos y costumbres, con la instrucción del poder, con el sistema que nos ordena y nos sostiene y finalmente con las leyes, normativas, códigos que lo instrumentan.

Nuestro actual sistema de crecimiento y desarrollo está basado en el consumo, la acumulación y la competencia, ninguna de las industrias y actividades humanas pueden escapar de esa matriz. Hoy todos hablamos de cuidar el medio ambiente, de reducir la polución, de mitigar el impacto destructivo, de reducir el efecto invernadero y las emisiones de CO2, por nombrar sólo algunas banderas de estos tiempos ecológicos. Intentamos, seguramente hacerlo, pero los que aplicamos son aún paliativos, insignificantes, frente a los resultados que revela nuestra actividad en el mundo de la producción y transformación de los recursos. Hay, en la conducta humana, contradicciones y paradojas insoslayables, sin resolver. Abundan los ejemplos, incluso a nivel doméstico. He participado de conferencias medioambientales en las que el intervalo era una carrera por fumar los cigarrillos que el tiempo de la conferencia había impedido. Hemos visto campañas en contra de las enfermedades provocadas por el cigarrillo.

El marketing de venta de productos y servicios suele aludir a cuestiones bioambientales, sólo por moda, porque está instalado en el interés del mercado, en la preocupación de todos. Sin embargo, las respuestas que hoy pueden dar la industria, el desarrollo en cualquiera de sus ámbitos, y la construcción y la arquitectura en particular, son insignificantes frente a la gravedad del problema. Al planeta lo atacamos con artillería pesada y no encontramos la forma eficaz de defenderlo.

Los edificios “inteligentes” son la vanguardia marquetinera del producto inmobiliario. No tienen nada de sustentables, ni cuidan, ni protegen el equilibrio del sistema natural. Pero se vende en el marco de lo mejor y más amigable “para el medio ambiente”. Tampoco son culpables quienes los construyeron -entre los que me encuentro-. Es el sistema, que los pide, es el mercado que los demanda y requiere. Se construyen porque se necesitan ahora y se venden. Esta es la paradoja, la contradicción, y debería ser, a su vez, el argumento para el cambio: se trata de conjuntos que demandan muchísima energía de alto impacto ambiental y contaminante para su construcción y su funcionamiento posterior, se les incorpora cada vez más software operativo que optimiza, regula, controla y monitorea muchos consumos y actividades, pero si se “cayera el sistema” tendríamos que abandonarlos, huir irremediablemente de ellos. No tienen ventanas de abrir, no respiran solos, lo hacen con pulmotor, tienen respiración asistida .Son dependientes. Son torpes, no inteligentes.

Si a un cartel le cambiamos las bombitas incandescentes por bombitas de bajo consumo, no hacemos una acción sustentable, estamos ahorrando un poco de energía, nada más. Pero como en el barrio antes había dos carteles y hoy hay veinte, el problema sigue creciendo.

Hay bibliotecas, y es literal, que explican con pruebas irrefutables, la tendencia de destrucción de nuestra “casa”.
Lo decimos, lo escribimos, lo vemos y lo padecemos. Pero seguimos sin querer ver la gravedad del problema, ciegos, caminando hacia el abismo.
El crecimiento demográfico es el factor más importante. Habitamos un planeta, acotado en superficie y recursos, cuyas poblaciones lo atacan y destruyen. Crece la población, crece la demanda -es lógico, más alimentos, mas producción, más consumo, más casas, más coches- y siempre el mismo lugar, el mismo espacio.
La ciencia, la única ayuda, no tiene una solución milagrosa.
Deberemos cambiar para sobrevivir. El desarrollo, la industria, la arquitectura deberán alinearse detrás de ese cambio.

De arquitectura sustentable hay muchísimos ejemplos, sólo nombro uno: en Australia, el arquitecto Glenn Murcutt, premio Pritzker 2002 (el equivalente al Nobel en arquitectura) lucha como un Quijote contra sus molinos locales (Municipalidad, gobiernos) para generar un rayito de esperanza, con sus propuestas sustentables. Es pequeña la producción, pero su caso demuestra que es posible. Hay muchísimos otros ejemplos en el mundo, pero son focos, excepciones a la regla, el sistema los absorbe, sin que se modifique la lógica de base. Glenn Murcutt, además, es coherente en su vida de consumos y costumbres, él es ‘sustentable’, en su vida y en su ejercicio profesional, las dos caras de una misma filosofía. No nos engañemos con discursos y espejitos de colores, actualmente estamos muy lejos de la solución y muy por debajo de la capacidad de regeneración natural del planeta. Nos engañamos, con un panel solar de selenio que “ahorra” energía porque transforma los fotones solares en energía eléctrica (fotovoltaica), pero que consume, para ser fabricado, más energía contaminante que la que da en su vida útil.

Hay gestos, hay esfuerzos, hay intenciones, pero todavía no hemos cambiado la conducta, para decir que estamos a salvo.

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